La carta que nunca recibí…

Reconsidera tu decisión, Imene. He estado pensando en nosotros y lamento profundamente lo que pasó. No dejo de pensar en ti y haría lo que fuera por otra oportunidad para hablar. Sé que he dicho mucho y he hecho poco, pero te prometo que esta vez quiero hacer las cosas bien. Eres una mujer grandiosa y no quiero perderte. Por fin entendí que debo hacer mi parte, tomar decisiones que nos unan. Quiero pasar el resto de mi vida contigo, construir una familia, cuidarte, amarte y darte todo lo que deseas, porque ahora sé que mis sueños se entrelazaron con los tuyos.

Lamento haber tardado tanto en darme cuenta de que eres la mujer de mi vida, la que me completa. Lamento haberte lastimado; reconozco que te hice mucho daño. Pero, por favor, dame la oportunidad de corregirlo, de cambiar a tu lado, de acompañarte en esta vida. Dame el amor puro que tenías para mí, dame tu tiempo, tu confianza. Imene, me equivoqué mucho, no sabes cuánto lo lamento. Hiciste bien en alejarte, dejaste un vacío enorme en mi vida que solo tú puedes llenar. Me respetaste, me perdonaste lo peor, me amaste de verdad y no pude verlo por todos mis miedos. Imene, regreso a ti suplicando que seas mi mujer, que me des otra oportunidad, no para ver qué pasa, sino para iniciar la vida que soñamos de una vez. Por favor, te lo ruego, considéralo. Te amo.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *