Vuelve, te he perdonado

Vuelve, te he perdonado

Vuelve a mí, basta de la arrogancia y el orgullo

Vuelve a mí, olvidé tus crímenes

Y me convencí de que la traición es un hábito en ti

Y que tu aparición entre las mujeres es tu trabajo

Y que tu caída en los brazos de las fanáticas es tu talento

Y que todas las mujeres que te visitan son tu inspiración

Vuelve a mí y léeme el último de tus poemas

Y cuéntame con confianza cada una de tus aventuras

Háblame de la gitana, tu compañera al baile

Y sobre su vestido bordado y su pelo negro rizado y su reboso anaranjado.

Háblame de sus labios y su risa.

Háblame de aquella  mujer negra africana que conociste en uno de tus seminarios de poesía, descríbeme sus pechos morenos y sus pezones negros, y descríbeme cómo es  su cintura y cómo los planetas se callen sobre ella.

Háblame de la suavidad de la mujer blanca y su dulzura cuando habla Francés

Enséñame lo que las chicas latinas te enseñaron en cuanto a la danza y la música mexicana.

Muéstrame tus logros. Muéstrame tus ocupaciones globales, tus conquistas pacíficas, tus batallas, tus guerras románticas, tu independencia, tu derrota y tus revoluciones sexuales.

Y dime que entre las mujeres yo soy la oficial, la reina de las mujeres y la legítima

Convénceme de que soy el centro de tus oraciones y solo yo soy quien te purifica en tus sueños.

Dime  que soy la bella entre las mujeres, soy la que dices poesía en ella y que nunca seré excluida.

Di que estás tejiendo las palabras de tu poesía a mi alrededor y que siempre me amarás y que no hay lugar en tu corazón para nadie más

Dime que lo sientes, que todavía no dominas el arte del matrimonio y el principio de  la confianza y la lealtad.

Todavía no crees en la única.

Discúlpeme, no soy esa mujer moderna.

Lo siento porque no hablo francés

Lo siento, no soy la mujer rebelde.

O la chica liberal, que no te honran para presentarla en tu consejo cultural

Escóndeme detrás de mis cortinas, y mis espejos

Niega mi existencia…

Y si vuelves a casa, agotado y derrotado

Te recibo

Dormirás en mi regazo y no me pondré un perfume porque sé que ya te aburrieron los perfumes de las mujeres.

Vuelve, basta de la arrogancia y el orgullo.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *